El silencio sepulcral que reina en los pasillos del Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada se ha visto salpicado en estos días por un ejército de hombres de negro con un acento poco común en la instalación. Tipos de espaldas enormes, llamativos tatuajes tribales y amplias sonrisas que dirigen en estos días a medio centenar de adolescentes que acuden a Granada a beber de la fuente del conocimiento supremo del rugby: los All Blacks.

 

A 2.320 metros de altitud, con una refrescante brisa acariciándote la cara, 60 chavales de edades comprendidas entre los 14 y los 18 años se ejercitan a las órdenes del mejor equipo del mundo. Al mando de la expedición kiwi aparecen Stuart Doig, abogado y ex delantero de mandíbula metálica que vigila tras sus gafas de sol el combate de los chicos en los puntos de contacto, y Peter Harold. Pedro, como le conoce todo el mundo, un viejo conocido que dirigió el año pasado en Madrid el primer clinic de los All Blacks en Europa. Cuando le ofrecieron repetir, ni se lo pensó.

 

Las manecillas del reloj aún se desperezan a las 08.30 cuando Harold reúnen en la pista del CAR a sus pupilos. “El primer hombre que escaló la cima más alta del mundo, la del Everest, era neozelandés. Sir Edmund Hillary nos enseñó que podemos llegar tan alto como queramos. Para ello solo hay que querer y trabajar”, advierte con ese inglés tan peculiar de los kiwis mientras los chicos le escuchan atentos tratando de descifrar sus palabras.

 

La mañana se inicia con un warm up liderado por Mar Álvarez, la preparadora física de la selección española de rugby, que previamente se ha tomado el innegociable café que necesita para despertarse. Más de un profesor ha visitado el gimnasio a las seis de la mañana, antes de iniciar la jornada de trabajo. Los chicos terminan la activación entre risas y comienzan un circuito de destrezas en el que serán evaluados por el staff técnico del Clinic para poder observar su evolución durante la semana. Hosea Gear, que ha vestido 15 veces la camiseta de los All Blacks, les enseña a trabajar la recepción en los balones aéreos. Su pasado como jugador de baloncesto explica su fantástica coordinación y su timing en el aire. Gear, hermano de Rico, otro All Black, terminó apostando por el rugby en lugar de hacer carrera en el deporte de la canasta. Ana, una vallisoletana chamiza que repite en el clinic pese a haber sido operada del cruzado recientemente, se toma con calma los ejercicios bajo la atenta mirada de los profesores.

 

No lejos de allí Tiki Inchasti y Brad Linklater, flamantes campeones de Copa, desarrollan un taller de pateo en el que inciden en las posiciones corporales del gesto. Brad pide a los chicos que “cuiden el balón como a un bebé” y Tiki les insiste en completar el movimiento después de impactar la pelota. Mana’a Williams, neozelandés de la recóndita playa de Pakiri que vive ahora en Villanueva del Pardillo, se encarga de liderar la formación de pase junto a la leona, la jerezana Laura Delgado. Bimba, como la conoce el mundo del rugby, llegó al CAR acompañada en su coche por un alemán que hacía parapente al que recogió haciendo autostop en la subida hacia Sierra Nevada. Bimba y Mana’a corrigen los gestos a los chicos: “Saca las manos”, “coloca bien el codo”, “pelotas tensas”…

 

Más allá Anthony Tuitavake enseña a un grupo de chicas el arte de la evasión. Insiste en el “footwork” y en la explosividad en la carrera a la hora de romper. Anthony, que ha vestido seis veces la zamarra negra de los All Blacks, es otro de los que repite en el clinic. La mañana avanza y la pista de atletismo comienza a llenarse de marchadores y atletas de primer nivel internacional. José Espejo, marketing manager de la instalación, recuerda a los chicos que “estáis conviviendo con atletas de altísimo nivel en un entorno de élite y debéis comportaros como tal. Esperamos que disfrutéis de las instalaciones y las enseñanzas de los expertos que os están enseñando y creemos que debéis ser conscientes de la oportunidad de la que estáis disfrutando en este sitio y con estos profesores”.

 

Paul Nicholson y Mirella Ruiz, socios de la empresa Kiwi House, organizadora del campus en colaboración con la New Zealanda Rugby Union, concretan la logística para las actividades de la tarde con los dirigentes del CAR. Después de comer entre marchadores y nadadores lituanos, los chicos disfrutan de una ‘Cultural Class’ en la que aprenden los secretos de la haka con Brad Linklater y Peter Harold. El rugby cinta pone el colofón a un día intenso en el que los chicos se van conociendo y sus libretas se van llenando de apuntes. Especialmente las de ellas, las doce chicas que conforman el 25% de los participantes en este clinic. Mañana, visita de las autoridades…